Con más de 50 ediciones a sus espaldas, el Festival de Cine de Alcalá de Henares —más conocido como ALCINE— es una de las citas imprescindibles del cortometraje en España. Pedro Toro, su actual director artístico, ha estado vinculado al certamen desde la adolescencia. Charlamos con él. Por Miguel Varela.

Bokeh: ¿Cómo empezó tu relación con ALCINE?

P. T.: 
Yo soy de Alcalá de Henares, así que crecí con el festival desde pequeño. Uno de mis primeros recuerdos es un cartel de finales de los 90, cuando era niño. Era una pintura con un personaje que tenía los ojos hechos de bobinas de celuloide. Me daba bastante miedo. Fue mi primer contacto con el festival, y aunque fue inquietante, me marcó. Más tarde, empecé a cubrir el festival para una publicación de mi instituto. Iba a ver cortos y escribía reseñas, con 14 o 15 años.

Poco después, con unos amigos montamos un cineclub y creamos el Maratón de Terror de Alcalá: doce horas seguidas de pelis de miedo, en cualquier sitio que nos dejaban. Con los años acabamos colaborando directamente con el festival. Nos metieron en la programación y hasta llegamos a proyectar en 35mm. Fue una etapa muy loca, muy punk, pero también muy formativa.

Bokeh: ¿Intentas mantener algo de aquel espíritu ahora que diriges el festival?

P. T.: 
Sí, totalmente. Aunque ahora haya una estructura profesional, intento recuperar esa pasión inconsciente que teníamos entonces. Porque un festival, más allá de su función dentro de la industria, también tiene que ser siempre una experiencia colectiva para el público. Ya sea viendo cortos en silencio o participando en conciertos y proyecciones macarras, lo importante es vivir el cine con otros. Eso es lo que nos une como espectadores y lo que queremos seguir ofreciendo en ALCINE.

Bokeh: ¿Sigues siendo fan del fantástico?

P. T.: 
Sí, absolutamente. Es uno de los géneros que más me interesan como espectador. Pero también soy muy sibarita. Me pasa que lo que me gusta, me gusta muchísimo, pero también hay muchas cosas que no me interesan. No soy ese fan que con ver litros de sangre ya está contento. Necesito que haya algo más.

Fruto de esa pasión por el género nace la sección del Festival que hemos creado recientemente ‘AL(U)CINE cine fantástico’. Un espacio que recupera aquel espíritu de mi juventud, dedicada en exclusiva al fantástico y al terror, con premio del público incluido. La idea es que esas películas también tengan visibilidad, incluso si no entran en la sección oficial.

Bokeh: ¿Alguna película reciente que te haya impresionado especialmente?

P. T.: 
Una que se me escapó para la programación, pero que me gustó muchísimo, es El llanto, de Pedro Martín-Calero. Es su ópera prima y me pareció visualmente increíble, con una puesta en escena muy potente. Me parece una de las óperas primas más impactantes que he visto en el cine español reciente.

Bokeh: Hace cuatro años asumiste la dirección artística del festival. ¿Qué balance haces de esta etapa?

P. T.: 
Llevo más de veinte años vinculado a ALCINE, desde muchas áreas: programación, exposiciones, actividades paralelas, galas… Cuando terminó la edición número 50, me ofrecieron la dirección artística. Lo asumí con la idea de que el festival no se quede viejo, de que siga siendo contemporáneo.

Siempre digo que queremos ser el Benjamin Button de los festivales: cuantos más años cumplimos, más jóvenes nos vemos. Para eso hay que estar atentos a lo que pasa fuera y dentro del cine. Una de mis prioridades ha sido mantener viva la memoria del festival, su archivo histórico, pero también renovar continuamente los equipos y buscar nuevas voces, nuevas miradas.

Bokeh: ¿Cómo se refleja eso en la programación?

P. T.: 
Nuestro comité de selección está formado por unas diez personas, con diversidad de género y también generacional. Hay voces jóvenes, críticas, programadores nuevos, junto a gente con mucha experiencia en el festival. Eso garantiza una mirada amplia y diversa. En ALCINE no separamos documental, animación y ficción: todo convive en igualdad de condiciones. Cada programa dentro de la sección oficial tiene un hilo temático, y cuidamos mucho el orden de los cortos. La idea es que, si una persona solo puede ver un pase, se lleve una panorámica representativa del cortometraje actual.

Bokeh: ¿Y cómo convivís con el FOMO recibiendo más de 1.500 cortometrajes? Con esa presión de que “hay cortos que todo el mundo está programando… pero yo quiero que prime mi criterio en la selección”…

P. T.: 
Bueno, intentamos tener una voz propia. Hay cortos que están en todas partes y que nosotros no recibimos simplemente porque no nos los mandaron. Y otros que llegan y no entran porque al comité no le encaja. Aunque a mí me encante un corto, si el comité no está de acuerdo, no entra. Es parte del juego.

También hay cortos que no entran en competición pero que luego programamos en actividades paralelas, como los programas educativos o los pases en la prisión de Alcalá-Meco. Tenemos líneas de programación pensadas para públicos específicos: adolescentes, universitarios, fans del fantástico… y ahí podemos rescatar obras que nos parecen valiosas aunque no hayan estado en sección oficial.

Bokeh: ¿Cómo funcionáis con las inscripciones y los premios? Los fees de inscripción y la remuneración económica son dos de los asuntos que generan más debate en el sector del cortometraje…

P. T.: 
Nosotros no cobramos por inscripción. Es una decisión tanto administrativa como ‘política’. No queremos que haya barreras económicas, ni siquiera pequeñas. Solo pedimos un enlace de visionado. No exigimos premieres, ni inscripción en plataformas específicas, ni que el corto esté calificado. Eso nos permite ver cosas que están todavía en bruto, o que vienen de entornos no convencionales, como el cine amateur o el videoarte.

A veces llegan cortos que no encajan con el circuito habitual, pero que tienen un discurso muy potente, y que terminan llevándose premios.
ALCINE no se define solo como un festival de cortos o de cine, sino como un festival de piezas preciosas, de diamantes en bruto. Eso es lo que creemos que son los cortometrajes hoy en día. La estructura del paso del corto al largo ya no es tan rígida. Hay cineastas consolidados que vuelven al corto, o que van de la tele al corto. Y también están esos nuevos talentos que queremos descubrir. Por eso premiamos tanto a los consagrados como a los emergentes.

Tenemos los premios oficiales, que llamamos Diamantes -dotados con premio económico, pero también reconocemos categorías técnicas: interpretación, fotografía, arte, montaje, sonido, efectos visuales… Además, hay premios específicos para cortos de terror, comedia e infantiles. Incluso hay una sección especial, muy ‘gamberra’, de pase de medianoche, donde abrimos durante 24 horas una inscripción exprés y hacemos un pase improvisado en un bar, interactuando con los cineastas.

Bokeh: ¿Qué podemos esperar de la edición 2025 de ALCINE?

P. T.: 
La convocatoria debería abrir a finales de la primavera, seguramente en mayo, y estará abierta hasta finales de julio. Mantenemos las condiciones de siempre: cortometrajes de hasta 40 minutos, sin requisitos de premiere ni inscripción en plataformas. La sección nacional acoge tanto producciones españolas como aquellas en las que el equipo creativo sea mayoritariamente español. Además, desde la inscripción ya podrán indicar si sus cortos encajan con las secciones de comedia, terror o infantil, para tenerlo en cuenta desde el inicio. La idea es que ALCINE siga siendo un espacio abierto, accesible y atento a lo que se cuece cada año en el cortometraje.